La diplomacia pública como herramienta para ayudar a superar crisis y pandemias

Un debate en línea organizado por Diplocat trata sobre la actual crisis sanitaria, pero también sobre la crisis de los refugiados

Paralelamente al ciclo Diplocat Digital Talks - El mundo tras la COVID-19, Diplocat organizó el jueves, día 2 de julio, un debate global en línea sobre la forma en que la diplomacia pública debería adaptarse a situaciones excepcionales como la que vivimos actualmente y qué herramientas conviene utilizar para llevarla a cabo. El debate también trató sobre la función más social que puede tener la diplomacia pública con sectores más vulnerables de la población, como por ejemplo los refugiados y los solicitantes de asilo. En el debate han participado dos grandes expertos internacionales en diplomacia pública y la comisionada del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Europa Central.

Laura Foraster i Lloret, Secretaria General de Diplocat, presentó el acto remarcando que la diplomacia pública siempre se había caracterizado por el contacto humano y las relaciones cara a cara, y que el reto es ver cómo se puede continuar ejerciéndola en estos momentos en que la movilidad y el contacto humano se encuentran muy limitados.

El primero en intervenir fue Neil Simon, Vicepresidente de Bighorn Communications (Portland, EEUU) y asesor en diplomacia pública, que ha expuesto que esta disciplina es una necesidad de los estados y que, como toda relación, no podía descuidarse durante la pandemia, ya que la clave de la diplomacia pública es ir más allá de los datos y mostrar las historias y los individuos. Simon remarcó que las herramientas digitales son más beneficiosas para la diplomacia pública que para la diplomacia tradicional, que aún es más dependiente del contacto directo y la privacidad. Además, las herramientas digitales permiten llegar a más gente.

Simon destacó la importancia de compartir las buenas prácticas cuando las acciones que se han realizado han sido exitosas, como puede ser la gestión del COVID-19 en Nueva Zelanda, pero también remarcó la importancia que tiene admitir públicamente los errores, para que el resto de países puedan aprender de ellos. Finalmente, Simon puso varios ejemplos de acciones de diplomacia pública virtuales, como las "citas rápidas" entre miembros de las cámaras de comercio bilaterales, la celebración del día de Europa hecha por la Delegación de la Unión Europea en Estados Unidos o acciones de difusión cultural.

Liz Galvez, Profesora de Diplomacia Pública en la entidad DiploFoundation, afirmó que la reputación es muy importante para los estados y que por ello invierten tanto dinero en la diplomacia pública, ya que les interesa mostrar confianza y seguridad tanto entre sus nacionales como en el exterior. Galvez consideró que los países con más éxito para controlar el COVID-19 han sido aquellos que han sido empáticos y honestos con sus ciudadanos y los han hecho sentir partícipes de la lucha. También alertó de como la crisis ha hecho aumentar el racismo en diferentes países sin que los gobiernos lo detuvieran y otros que han aprovechado la situación para aplicar políticas contrarias a los derechos humanos.

Los países europeos y sobre todo la Unión Europa se preocupan mucho de conservar una buena reputación y Galvez ha expuesto que ahora es el momento en el que más tienen que demostrar que son países solidarios, democráticos y que actúan según la ley. Por el contrario, hay países a los que la reputación no les importa tanto, y actúan pensando más en la repercusión nacional que en la internacional. Por último, dijo que, en su opinión, los tres grandes ámbitos de interés de la diplomacia pública en la actualidad son las relaciones entre las élites, los intercambios científicos y la diplomacia cultural.

Montserrat Feixas, Representante Regional de ACNUR en Europa Central y miembro del Consejo Consultivo de Diplocat, centró su ponencia en la diplomacia pública social. Remarcó que desde ACNUR se hace diplomacia pública para mostrar las historias que se esconden detrás de las cifras, para crear empatía entre los ciudadanos de las naciones acogedoras e impulsar la acción de los gobiernos, tanto a la hora de crear nuevas políticas como para seguir el derecho internacional. Feixas explicó que durante la pandemia se ha conseguido crear nuevas redes y vínculos mediante programas virtuales y cómo han ayudado a que muchos refugiados tuvieran conocimientos médicos y se hayan situado en la primera línea de la atención sanitaria, para desmitificar algunas de las narrativas con que se les identifica. También destacó la importancia de que el COVID-19 no discrimina por colectivos y que las acciones para combatirla son las mismas para todos, lo que ha unido a la ciudadanía. Destacó finalmente como la COVID-19 ha demostrado que el acceso universal a la salud es un derecho fundamental que hay que seguir garantizando.

Para concluir el debate, se abrió un turno de preguntas en el que los ponentes hablaron del papel de la diplomacia pública para controlar o limitar las fake news. También se habló sobre el rol de las administraciones locales o regionales en la diplomacia pública y el gran abanico de posibilidades de implicación existentes, ya que las ciudades pueden promover acciones cuando el resto del país no está preparado para llevarlas a cabo. Además, las ciudades son las entidades que tienen las competencias para integrar a las personas migrantes y las que tienen el poder de presentar la migración como una oportunidad de enriquecimiento social más que como una amenaza.